Marín Guevara: «De pequeño mi padre me pillaba mirando agujeros en la pared»

Publicado por Manuel Madrid en La Verdad el 29/03/2024

(Fuente www.laverdad.es)

Experimentar tiene un componente atractivo. En los últimos años, José Miguel Marín Guevara (Fuente Álamo, 1979) ha trabajado con resina, colores traslúcidos y formas geométricas superpuestas. El resultado puede verse ya en privado en su nuevo estudio en Murcia, en el barrio de San Antón, y muy pronto en la galería Arquitectura de Barrio, donde próximamente desembarcará con alrededor de un centenar de obras, la mayoría en mini formatos, en una exposición que llevará por título ‘Khrôma’ (color en griego), y será comisariada por Miriam Martínez Abellán, artista visual, docente y pianista. Un trabajo en el que descubrirá lo mucho que tienen que ver el color, la geometría y la cultura clásica con el mundo que conocemos.

Marín Guevara, licenciado en Psicología, conoció el arte mural y el grafiti en su adolescencia. El color, desde el principio, pudo ser una manera de camuflar experiencias que impedían en su propia vida el paso de la luz. «En alguna etapa de su trayectoria tuve la impresión de que Marín Guevara se escondía en sus colores. Todos buscamos ciertas herramientas cuando nos cuesta explicarnos», piensa Martínez Abellán, que aprecia en su obra una conexión con el surrealismo, «con una realidad ficticia, con una serie de planos y manchas de color que no ubican a los personajes en ningún lugar concreto, pero que, ahora así lo creo, llevan al espectador a su propia psique, en una especie de limbo psicológico». En esa mezcla de elementos del mundo real con figura semidesnudas y, a veces, andróginas, Marín Guevara ha jugado sin prejuicios a la dualidad sexual. Su producción, reconoce Martínez Abellán, da importancia a la forma y a conectar con los objetos a través de la emoción.

El artista fuentealamero descubre a LA VERDAD en su estudio algunos de los trabajos que han formado parte de su trayectoria, muy influenciada por la música y por el cine [colaboró en el largometraje documental ‘Old Habits Die Hard’, una retrospectiva del artista de acción Emi Wilcox dirigida por el cineasta murciano Paco Portero], en la que incluye series como ‘Irreverentes retratos poliédricos’ [comisariada por Pedro López Morales en 2019 para Arquitectura de Barrio], ‘Cuchara’ [en 2018 en las Casas Consistoriales de Mazarrón], ‘Echinopsis Rituale’ [con Jean Carlos Puerto comisariada por Ricardo Recuero en el Museo Molinos del Río (Murcia) en 2021] o en ‘Heiligen’ [en la Galerie Van Caelenberg de Aalst, Bélgica en 2022].

Indistintamente trabaja la pintura y la escultura. «La primera que pude enseñar fue un vaciado de la cabeza de un maniquí. Siempre me ha interesado un acabado plástico, industrial, transparente, brillante… y vi que con resina de poliéster lo podía hacer. Empecé a rellenar el molde con resinas pigmentadas, y yo entonces no sabía usar la fibra de vidrio, y no me intoxiqué de milagro». Esa obra se expuso dentro de una serie de doce en la galería Emma en la calle Doctor Fourquet de Madrid. Algunas de estas obras, a modo de curiosidad, presentan deformidades, defectos provocados intencionadamente. No solo exploró con la resina de poliéster, sino con escayola y con cemento. «Es interesante que encontremos esculturas de otros tiempos en excavaciones arqueológicas sin narices, sin manos… Yo tengo modelados completos, que no están rotos, pero un modelado original completo te da opción a variaciones, y si hago uno en escayola, por ejemplo, lo lanzo al suelo buscando romperlo. Lo limpio, lo pulido… me aburría. Un acabado completo, si lo rompo por partes, puedo de esas partes hacer otros moldes y tener variaciones de la misma escultura. Para el Centro Párraga [donde mostró en 2020 una serie de cabezas de vírgenes con aros led bajo el título ‘Mater amata’] lo hice con el retrato de mi hermana Conchi completo, y luego realicé ocho variaciones de la obra».

Marín Guevara se mueve por estética. ¿Interfiere su formación profesional en el hecho de esculpir cabezas? No lo niega. «Pero quien piense eso es porque tiende a racionalizar. De pequeño mi padre mi pillaba mirando agujeros en la pared. En nuestra casa antigua había una sala de paso entre la cocina y el salón, y tenía unos azulejos blancos con dibujos y una lámpara de mimbre verde. Esa habitación no tenía nada más, pero había un agujero en la pared que me inspiraba, me gustaba cómo me sentía ahí, quizás me estaba abriendo a otra cosa que yo veía o imaginaba ahí. No creo que haya nada traumático ni psicológico en el hecho de esculpir o pintar cabezas. Y si lo hay, no sé hasta qué punto me interesa».

Tímido sin llegar a sentirse paralizado ante las miradas ajenas, Marín Guevara quedó en un tiempo fascinado por Bacon. Ahora le ocurre con Kees van de Wal, artista belga que pinta cajas de cartón abiertas con planos de color.

 

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